Y te entran ganas de tumbarte en la bañera, vacía, con ropa, cerrar los ojos y abrir sin mirar el grifo, dejar que de la ducha salga agua fría, poner el tapón. Que el agua empape cada centímetro de tu cuerpo, la ropa se te pega, húmeda. Estás en un estado de shock, tan bien, sintiéndote viva, sintiendo algo por primera vez en mucho tiempo; no estás muerta. Estás tan perfecta que no te das cuenta de que, poco a poco, el agua se acumula en la bañera, ya te llega a las orejas. Tu pelo revolotea al rededor de tu cabeza, que en estos instantes no puede, no quiere pensar. Se te corre el maquillaje, manchurrones negros ruedan por tus mejillas. Ahora el agua te alcanza la boca, los pómulos, la nariz. Sientes tranquilidad, es el mejor momento de toda tu vida, olvidas respirar. Al minuto abres los ojos debajo del agua y sacas la mano, intentando agarrar la cortina ya que te das cuenta de que no quieres acabar, tienes todavía mucho que terminar, solucionar y vivir. Pero en ese último segundo caes en la cuenta de que es demasiado tarde y no vale la pena luchar.Te resignas y, aunque te gustaría salir de allí, te dices que es mejor así, acabar con todo ya; y sonríes.
Adiós
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